Si de algo ha quedado bastante claro con la inhabilitación de Garzón por el Tribunal Supremo, es que los chorizos tiene "carta blanca" para seguir haciendo de las instituciones parte importante de sus negocios particulares, además uno sospecha que la impunidad se haya patentado en determinados grupos de poder del estado español.
Por tanto la justicia no es imparcial, al contrario es sopesada de acuerdo al poder económico y político de quien la recurra, dejando mermada el fin de la misma, en este sentido, el grave precedente dictado es que cualquiera que ose investigar o juzgar a determinados personajes choriceros, será bajo el riesgo de verse reprimido y relegado al paro por el curul judicial.
Una cuestión paradójica teniendo en cuenta que en la resolución del TSJ contra Garzón se habla de "practicas totalitarias" del juez, pero ¿no es el TSJ un ente totalitario? Este desprestigio continuado refleja esa herencia añejada no resuelta durante la transición, y que lastra la independencia de este poder vital para la propia viabilidad del Estado.
De ahí que nuestra democracia se haya subido al tren de la decadencia, donde no existe ni ética ni moral, si por el contrario una enfermiza codicia y venganza de lo ajeno, algo muy próximo a ese totalitarismo fascista que al oírlo retumba en los oídos de sus señorías.
De ahí que nuestra democracia se haya subido al tren de la decadencia, donde no existe ni ética ni moral, si por el contrario una enfermiza codicia y venganza de lo ajeno, algo muy próximo a ese totalitarismo fascista que al oírlo retumba en los oídos de sus señorías.
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